El sufrimiento de los paruréticos

Hay personas que no pueden orinar en un baño público si sienten que otros los pueden ver u oir mientras están evacuando. A este padecimiento se le conoce como paruresis.

El parurético sabe que esto es totalmente irracional, pero el temor de no poder orinar delante de la presencia real o imaginada de otras personas produce que ellos no puedan orinar. Ellos tienen un temor a ser juzgados por no poder realizar una necesidad humana básica, por lo que cada fracaso en intentar orinar en un baño público refuerza ese temor, convirtiéndose en un círculo vicioso, en una pesadilla que se vuelve realidad en el día a día.

Allen W. Court ha padecido de paruresis por más de 30 años, y ha visto su condición agravada por una próstata agrandada que lo hace orinar más de 15 veces al día. Cada día en el trabajo tiene que sufrir al intentar orinar en los baños públicos del local. Si fracasa en el baño público del primer piso sube al baño del segundo piso para intentarlo allí, y si fracasa de nuevo tiene que regresar a trabajar a su cubículo con una vejiga llena que lo perturba, o conducir hasta un restaurante cercano donde tienen un baño individual.[1]

Él confiesa: “Con gusto renunciaría a los ahorros de mi vida para librarme de esto. Incluso podría cortarme un dedo, o dos, si eso lograra solucionar mi problema. ¿He mencionado que algunos de nosotros se meten un tubo por el pene?”.[2]

Cómo medida extrema, algunos paruréticos recurren a un catéter o sonda para sacarse la orina, la cual es un tubo que se introducen por el pene. Otros deciden retener la orina por varias horas hasta que logran encontrar un baño “seguro”, es decir, un baño en el que sientan la privacidad suficiente para orinar sin sentir que están siendo vigilados por otros.

El umbral de privacidad necesario para orinar varía según el paciente. Hay personas que pueden orinar en baños públicos bajo ciertas condiciones, mientras que otros tienen problemas para orinar hasta en sus propias casas, cuando sienten que hay alguien más que pueda oirlos.

“Tengo muchas ‘reglas’ para orinar, ninguna de las cuales me gusta, ni estoy de acuerdo con ellas, pero al parecer no puedo hacer nada para cambiarlas. ¿Dónde —me he preguntado— está escrito que yo no pueda orinar a menos que pueda ver una pared sólida que forme parte de la estructura de un edificio? ¿O que mi posibilidad de orinar mejore en un cincuenta por ciento cuando lo intento en un baño con poca iluminación? ¿O que mi posibilidad de orinar se vuelva cero por ciento si estoy en un vehículo en movimiento o sobre una masa de agua?”[3], dice Court, un parurético de 45 años de edad.

Viajar es una actividad que angustia mucho a los paruréticos, sobre todo los viajes en avión. Por ejemplo Lance, un hombre de 31 años, tomó la fatídica desición de tomarse una taza de café antes de un largo vuelo hacia Miami. Cuando llegó a Houston, para una conexión de vuelo, hizo varios intentos de orinar en el baño público sin lograrlo, y pasó el resto del viaje con una vejiga “dolorosamente hinchada”, con más viajes fallidos al lavabo, sufriendo las miradas embarazosas de los demás pasajeros.

“Salí del lavabo más avergonzado, todavía con un sudor frío, con la vejiga chillando de dolor. Sentí como si me fuera a morir o a desmayarme, porque el dolor era tan intenso, que aunque alguien me hubiera puesto una pistola en la cabeza no hubiera sido capaz de orinar”, nos cuenta Lance.[4]

La incapacidad de orinar se desencadena no solo por la presencia percibida de otras personas en el baño, sino también por las restricciones de tiempo. En el caso de Lance, el saber que necesitaba volver al avión para continuar su viaje le ocasionó mayor ansiedad, lo que se reflejó en su incapacidad de orinar.

Una persona con paruresis puede llegar hasta el extremo de tomar decisiones importantes en la vida, como el qué estudiar o dónde trabajar, con base en este padecimiento.

Según Steven Soifer, co-fundador de la Asociación Internacional de Paruresis, “La vergüenza puede ser tan aguda que alguna gente toma empleos por debajo de su nivel educacional y profesional de habilidades simplemente para no tener que enfrentar la agonía de usar un baño público durante las horas de oficina”.

“Un hombre con educación universitaria terminó tomando una ruta para vender periódicos con el único objetivo de evitar a otras personas”. Recuerda Soifer, quien es él mismo un parurético en recuperación. “Mucha gente trabaja en casa o se auto-emplean solo para poder manejar su situación”.[5]

Algunos paruréticos han perdido sus empleos por ser incapaces de proveer una muestra de orina cuando sus patronos se lo requerían. Hay incluso quién haya ido a parar a la cárcel por no poder proveer una muestra de orina a las autoridades.

Steven Soifer asegura que “hay un hombre en confinamiento solitario en una prisión de New Hampshire porque no pudo proveer una muestra de orina”.[6]

Un parurético se encuentra muchas veces planificando las actividades cotidianas en torno al padecimiento, y se ve obligado a rechazar muchas invitaciones sociales.

La dificultad para socializar también impide obtener una pareja, o desarrollar intimidad con esa pareja.

La paruresis le ha impedido a Bob tener una relación sentimental en los últimos diez años con una mujer. “Si mi novia estaba conmigo y yo tenía que levantarme para ir al baño, no era capaz de orinar, porque el baño estaba a un lado de la habitación. Ella se preguntaba qué era lo que pasaba”.[7]

Steven Soifer cuenta que “el matrimonio de un hombre se estaba desmoronando porque él se rehusó a ir de vacaciones por 15 años”.[8]

Un hombre de 31 años de edad cuenta tristemente que él rechazó la invitación de una joven y sexy mujer para acompañarla a un tour en bus por Europa – “¿Cómo podría yo disfrutar de ver por la ventana a Europa en toda su grandeza mientras tengo a una vejiga oprimiéndome en la tercera hora de retención o más? Luego las paradas en los baños públicos inundados de turistas, y en los enclaustrados baños de la ciudad… Estoy furioso”.[9]

Sencillas actividades recrecionales, como ir a conciertos, encuentros deportivos o ir al cine se convierten en desafíos para un parurético. Si un parurético decide ir al cine probablemente evitará películas demasiado largas como “El Señor de los Anillos”.

La paruresis se hace más difícil de soportar cuando la persona no sabe que ella no es la única que tiene problemas para orinar en baños públicos. “En primer lugar, sientes que eres el único que la padece, te sientes solo, llegas a la conclusión de que estás loco, y es frecuente que te deprimas”, dice Tom Seehof, un hombre que padeció de paruresis por más de 60 años.

Seehof, contando con más de 75 años de edad, logró recuperarse de la paruresis con la ayuda de la Asociación Internacional de Paruresis, por lo que decidió ayudar a otros paruréticos a recuperarse.[10]

Da la impresión de que la paruresis afecta principalmente a los hombres, ya que 9 de cada 10 personas que se presentan a tratamiento son hombres, según reporta la Asociación Internacional de Paruresis.[11] Pero el número de mujeres afectadas puede ser mayor. Quizá las mujeres sean más tímidas que los hombres a la hora de reportar públicamente esta condición.

Steven Soifer relata que “una mujer a la que tratamos sólo podía orinar en su patio trasero por la noche. Ella vino para una sesión, y luego nunca más la volvimos a ver”.[12]

Christopher J. McCullogh, autor del libro “Free to Pee” (Libre para Mear) nos cuenta: “Una mujer me llamó hace muchos años y me dijo que no había dejado su casa en veinte años. Le dije que eso me parecía interesante, ¿pero en que puedo ayudarle? ‘Bueno’ dijo ella, ‘es que quiero salir’. ‘Ah, ya veo, tal vez yo le pueda ayudar'”.[13]

Las mujeres tienen la ventaja de tener mayor privacidad al no tener que usar urinarios, pero por otra parte, el comportamiento de las mujeres al ir al baño es una actividad más social. Muchas mujeres disfrutan de ir al baño juntas, lo que resulta una verdadera pesadilla para las que sufren de paruresis. Lo último que quiere una mujer con paruresis es que la acompañen a ir al baño.

También está el problema de que los baños de mujeres en general pasan más congestionados, ya que no tienen la opción del urinario, como en el baño de hombres. Las largas filas que se forman en los baños públicos de mujeres aumentan la presión que pueda sentir una mujer parurética para tener éxito al orinar.

El solo hecho de darse cuenta de que su padecimiento tiene un nombre puede resultar un gran alivio para el que padece de paruresis. El sitio shybladder.org cuenta el caso de un hombre que experimentó una recuperación instantánea cuando encontró la información sobre su padecimiento en Internet: “El día que encontré este sitio web sentí que podía ir a un baño público a orinar. Y desde entonces he estado visitando los baños públicos en los centros comerciales, restaurantes, gimnasios, aeropuertos y lugares en los que ni siquiera hubiera soñado que podía orinar”.[14]

Pero la mayoría de los que padecen de paruresis no tienen tanta suerte. Para la mayoría, el camino de la recuperación es algo bastante arduo que puede durar meses, o incluso años. Algunos no se recuperarán nunca.

El tratamiento de la paruresis más recomendado se conoce con el nombre de terapia de exposición gradual o terapia de desensibilización, y consiste en exponerse gradualmente a situaciones que produzcan mayor ansiedad al intentar orinar. Paso a paso se va venciendo el miedo y se va recuperando la confianza, al ir teniendo pequeños éxitos. El simple hecho de entrar en un baño público al que antes nunca se hubiera entrado constituye un avance.

Intentar entrar orinar en un baño muy transitado con urinarios sin divisiones puede ser muy desafiante para un parurético. En vez de eso es recomendable intentar orinar en un baño no muy frecuentado y que tenga divisiones entre los urinarios. O tal vez esto represente un desafío muy grande para el parurético, y en vez de ir directamente a un urinario deba conformarse con intentar orinar en un escusado a puerta cerrada. Si logra orinar, aunque sea una vez después de muchos intentos fallidos, esto podría empezar a darle mayor confianza para seguirlo intentando. Un parurético debe tener paciencia y no desesperarse.

Resulta irónico que un parurético deba celebrar el simple hecho de poder orinar alguna vez en situaciones públicas, después de muchos intentos fallidos, algo que se da por sentado para la mayoría de los seres humanos. Es natural, por lo tanto, que esta incapacidad social para orinar produzca una merma de la autoestima del que la padece.

La mayoría de los que se someten a la terapia de exposición gradual experimentan una mejoría considerable, pero aun en el mejor de los casos no se puede hablar de una victoria total sobre el padecimiento. Steven Soifer confiesa: “He sufrido de paruresis por 30 años, y he estado en recuperación en los últimos seis, pero no estoy curado. Esto es algo parecido al alcoholismo. Uno se puede recuperar cerca del cien por ciento, pero se puede producir otra vez en ciertas situaciones. Por esa razón no hablo de una cura”.[15]

Referencias

  1. Court, Allen. I’ve Got to Go But I Can’t: A Day in the Life of a Paruretic. paruresis.org
  2. Ibid.
  3. Ibid.
  4. Larose, Laura (Noviembre 22, 2001). Calgary Sun.
  5. Morgan, John. (Julio 14, 2000). Bashful bladder hangs up nature’s call. www.angelnet.com
  6. Roach, Mary. (Mayo 21, 1999). Bashful Bladders. salon.com
  7. Ibid.
  8. Ibid.
  9. Batz, Jeannette. (Septiembre 20, 2000). Wistful Whizzers. riverfronttimes.com
  10. Maltin, Liza. (Junio 11, 2001). The Secret Social Phobia: Shy Bladder?. www.webmd.com
  11. Roach, Mary. Op. Cit.
  12. Ericson, Edward. (Enero 19, 2005).Stephen Soifer. www2.citypaper.com
  13. McCullogh, Christopher. A Few Notes on Paruresis. paruresis.org./
  14. Cured Just by Knowing IPA Exists. (Junio 21, 2002). www.shybladder.org.
  15. Curtis, Brian. (Mayo 13, 2002). Choking at the Bowl. www.slate.com

4 opiniones en “El sufrimiento de los paruréticos”

  1. Hola, tengo paruresis hace unos 40 años o más, ahora tengo 53 años y en mi adolescencia lo pasé muy mal, éra muy tímido, no tuve cuadrilla, sólo salía con uno o dos amigos y tampoco me ayudaron mucho. Cuando me dí cuenta del problema ya estaba haciendo la mili. Luego cuando ya empecé a salir con más gente pues siempre intentaba ir y convencer a los demás de ir a los bares dónde yo estaba cómodo para orinar. He disfrutado poco de la vida ya que me condicionaba mucho el poder orinar, si había mucha gente en los baños, si los orinarios éran abiertos o independientes con puerta y que tuvieran pestillo, etc. A cualquier sitio que iba ya estaba pensando si iba a poder orinar cómodamente. También me ha quitado de viajar a sitios, de tener una oportunidad de sexo con alguna chica y no poder ir por que tenía ganas de orinar y si voy a su casa no podré orinar. Te condiciona tanto éste problema que no disfrutas de la vida, estás pendiente cuando sales a la calle de dónde poder orinar. Ahora estoy en tratamiento con un terapeuta de anoerosis unos 10 años, y he cambiado mucho. Ya consigo orinar en muchos sitios que antes no podía hacerlo. Además soy una persona muy nerviosa e impulsiva y ésto tampoco me ha ayudado mucho a mi problema. Me gustaría conocer más gente con éste mismo problema. Yo tengo la certeza de que me voy a curar ya que he hecho muchos logros y lo que me dice mi terapeuta, hay que creérselo de que lo puedes lograrlo, hay que poner voluntad, ser constante y cogerle el tor por los cuernos. Y lo voy a conseguir.

    1. hola me pasa lo mismo me gustaria mejorar ,aunque en micros no me pasa en casinos tampoco en baños publicos no me pasa ,solo me pasa si hay una persona al lado o en el ambiente del baño si no hay nadie me sale rapidisimo …pero me gustaria que que me salga cuando yo lo desee..

  2. Hola,buenos dias,creo por lo q he estado leyendo q mi hijo podia padecer esta enfermedad,ya q lleva tiempo q no es capaz de miccionar en ningun sitio q no sea en casa y estando solo en el cuarto de baño,me gustaria q me ayudasen a poder buscarle una solucion o al menos orientarme de como hacerlo

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