Cómo me Curé de Paruresis

Yo solía padecer de paruresis, y ahora puedo decir que me siento recuperado de este padecimiento, aunque tengo que confesar que aún experimento ocasionalmente alguna vacilación en situaciones públicas, la paruresis ya no es el monstruo que antes era para mí.

Todo empezó en mi niñez, con una exagerada modestia y timidez, que me hacía temer la posibilidad de que otras personas vieran mis partes íntimas. Así fue como empecé a evitar los baños públicos. Ya sea en la escuela o en el colegio yo prefería llegar a casa para hacer uso del baño, y por lo tanto consumía pocos líquidos.

El problema fue que cuando realmente necesitaba ir al baño fuera de casa me daba ansiedad, me bloqueaba, y no podía orinar normalmente.

Mi condición se agravó cuando empecé a vivir en la capital para iniciar mis estudios universitarios. Los horarios de clases y los congestionamientos de la gran ciudad hacían más difícil el disponer de un baño “seguro” en el que me sintiera cómodo.

Permanecí por varios años lidiando con este problema en silencio, cuando por fin logré encontrar en Internet la información que necesitaba sobre este padecimiento, para lo cual me fueron muy útiles mis conocimientos de inglés.

Esto fue un gran alivio para mí, ya al fin supe que mi condición tenía un nombre y que no estaba solo.

Comencé compartiendo mi problema en un foro de internet (en el desaparecido sitio paruresis-europa.org).

Empecé a dejar de evadir a los baños públicos y a enfrentarme a mi ansiedad. Utilicé el campus de la universidad como mi sitio de entrenamiento. Tomando mucha agua y refrescos, iba de un baño a otro, practicando a orinar en todo tipo de situaciones, tal como se describe en el artículo sobre la terapia de exposición gradual.

También utilicé el mismo método en diferentes centros comerciales, con gran éxito.

La práctica constante a lo largo de varios meses redujo el problema a la mínima expresión.

No necesité de costosas sesiones de psicoterapia, medicamentos, ni la ayuda de alguien que me acompañara en el tratamiento. Ni siquiera tuve necesidad de compartir mi problema con alguien fuera de Internet.

La clave está en practicar la terapia de exposición gradual. Ir avanzando paso a paso en nuestra escala de situaciones desafiantes. Cuando se logra orinar hay que hacerlo durante unos tres segundos, cortar el chorro y trasladarse a otro urinario o inodoro para seguir practicando. Así se maximiza el rendimiento de cada sesión de entrenamiento.

Terapia Cognitivo-Conductual para la Paruresis

La terapia cognitivo-conductual ha demostrado ser el enfoque más eficaz para tratar la paruresis. Como su nombre lo indica, consta de dos elementos: uno cognitivo y otro conductual.

En lo que respecta a la paruresis, la parte conductual es la terapia de exposición gradual, mientras que el elemento cognitivo tiene que ver con identificar y desafiar las falsas creencias que tiene el parurético. Ambos elementos se combinan en la terapia cognitivo-conductual.

Hay profesionales que están entrenados para ayudar a los pacientes con la terapia cognitivo-conductual; sin embargo, seguir un tratamiento de este tipo con un profesional puede resultar bastante caro.

Una alternativa es consultar la literatura sobre el tema. Aunque no tratan directamente sobre la paruresis, muchos han encontrado de gran ayuda los materiales del doctor Howard Liebgold sobre las fobias (Phobease) (en inglés). También está el libro de Albert Ellis: Una Nueva Guía Para Una Vida Racional.

Con un enfoque específico sobre la paruresis está el libro “Free to Pee” (Libre para Mear) de Christopher J. McCullogh, y más recientemente el libro Bathrooms Make Me Nervous (Los Baños me Ponen Nerviosa) de Carol Olmert.

La terapia cognitivo-conductual se centra en la situación presente del paciente, tratando de cambiar su perspectiva actual; en contraste con la psicoterapia, en la que se trata de buscar en el pasado las causas de los problemas presentes.

Identificar en el pasado un evento traumático que haya producido la paruresis o tratar de señalar un conflicto emocional no resuelto es un ejercicio inútil. Hay personas que han gastado mucho dinero en este tipo de terapia hablada sin ningún resultado.

Falsas Creencias Paruréticas

La paruresis, siendo un problema de raíces psicológicas, se mantiene debido a ciertas creencias que el parurético ha internalizado.

Son creencias irracionales, pero que tienen una gran fuerza para manifestarse como reales en la experiencia del paciente, por que tienen la capacidad de cumplirse a sí mismas.

Es necesario identificar estas creencias y desafiarlas, tanto en teoría como en la práctica.

A continuación presento una lista de estas falsas creencias, y una refutación racional de cada una de ellas:

“Soy la única persona en el mundo que tiene este problema”.

Esta es una falsa creencia que impide buscar ayuda e información sobre el padecimiento. El darse cuenta que no se está solo con este problema puede resultar un gran alivio.

“Cuando voy a orinar al baño público, otros pueden verme y escucharme, y juzgarme negativamente si no logro orinar. Cuando voy al baño, la gente está muy pendiente de si logro orinar o no”.

La realidad es que en la mayor parte de los casos la gente no anda evaluando a las personas que no pueden orinar en un baño público. Y si realmente se dieran cuenta de que alguien está teniendo problemas para orinar, no le darían mayor importancia, ya que cada quién está ocupado en los asuntos de su vida cotidiana.

Resulta especialmente absurdo preocuparse por lo que piense una persona desconocida en un baño público, una persona desconocida a la que probablemente nunca volveremos a ver.

Sin embargo esta creencia, por irracional que pueda parecer, resulta muy persistente y difícil de erradicar una vez que se ha instalado en la mente, por lo que es necesario desafiarla en la práctica de la terapia de exposición gradual, mostrándole a nuestro cerebro que se equivoca al pensar que debe temer una evaluación negativa.

“Si otros se enteran de mi problema para orinar va a ser una catástrofe, y todos se van a burlar de mí”.

El parurético castrofiza y exagera la importancia de su problema y la opinión negativa que otros pueden tener de él. Cuando en realidad no es para tanto, ya que al ser debidamente informadas, la mayoría de las personas reaccionarían con simpatía y no con negatividad. Para una persona que no la padece, la paruresis no tiene la importancia que el parurético le atribuye.

En el peor de los casos, sí es cierto que hay personas incomprensivas, pero esto no debería molestar en exceso al parurético. Las personas que se burlan del sufrimiento de otro ser humano son las que están realmente enfermas.

Sin embargo, al principio no es recomendable compartir el problema con todo el mundo. Es mejor empezar a hablar de esta condición con familiares y amigos cercanos.

“La paruresis me hace menos hombre. Mi incapacidad para orinar en situaciones públicas disminuye mi valor como persona”.

Es necesario entender, que el propósito original de orinar es vaciar la vejiga, y no tiene el propósito de demostrar hombría o estimar el valor de una persona.

El propósito de vaciar la vejiga se logra sin importar si la persona está parada o sentada, si lo hace en un urinario, en un inodoro o al aire libre; si se tarda mucho o se tarda poco, si lo hace en forma natural o hace uso de un catéter.

El tiempo en que usted se tarda en mear (o en no mear) es poco comparado con todo lo que usted hace y todo lo que usted es.

“Tengo que orinar rápido, en menos de 5 minutos, para que otros no piensen mal de mí”.

Tómese todo el tiempo para orinar que usted considere necesario. No se aflija si otros están esperando a que usted termine. Practique a ubicarse frente a un urinario sin intentar orinar por cinco minutos, para que su cerebro se de cuenta de que no hay nada que temer si se tarda más de lo esperado.

“Siempre debo usar un urinario cuando esté disponible en vez de usar el inodoro, o de lo contrario soy menos hombre, y es una catástrofe”.

Su valía como persona no se determina por su capacidad para orinar en un urinario. Utilice el inodoro si no tiene éxito en un escusado.

“No le puedo contar esto a mi pareja por que no me va a querer”.

Para evitar tensiones innecesarias, es mejor compartir sobre la condición de paruresis desde el principio de la relación. Recuerde que los no paruréticos no le dan tanta importancia a este asunto como usted cree. Si la persona se le aleja por eso, en realidad no era digna de usted.

“Tengo deseos de ir al baño, pero mejor me espero a llegar a casa, por que ya sé que voy a fracasar de todos modos”.

Vaya al baño e intente orinar aunque no lo consiga. Deje de evitar los baños en situaciones públicas. Solo enfrentándose a la ansiedad es como logrará vencerla.

“Debo siempre poder orinar en todo tipo de situaciones, o de lo contrario soy un fracasado y es una catástrofe”.

Hasta las personas que no son paruréticas experimentan vacilacione para orinar en ciertas situaciones públicas. No se deje atrapar por una mentalidad de “todo o nada”. No deje que el fracaso lo desanime y siga practicando la terapia de exposición gradual.

“Usar un catéter para orinar por causa de la paruresis es algo degradante y humillante. Me niego a usar un catéter, sin importar que sienta una urgencia extrema por orinar”.

Recuerde que el objetivo de orinar es vaciar la vejiga, no demostrar su hombría o valor como persona. No tiene nada de malo utilizar esta herramienta si usted realmente la necesita. El retener la orina por mucho tiempo puede ser perjudicial para la salud.

“Mi problema de paruresis es algo verdaderamente terrible, lo que me hace ser una persona muy desafortunada”.

Hay cosas peores por las que preocuparse en la vida. Siéntase agradecido por las cosas buenas que tiene en la vida. La auto-conmiseración no le va a ayudar a superar este problema. Usted tiene una gran posibilidad de superar esta condición si se lo propone.

Mitos sobre la Paruresis

Hay muchos malentendidos sobre la paruresis, empezando por el hecho de que con frecuencia ni siquiera los profesionales de la salud, como los urólogos y psicólogos, conocen sobre este padecimiento.

Además, el mismo parurético es víctima de sus propias falsas creencias que le impiden superar su problema.

Pero veamos algunas de las ideas equivocadas que la gente tiene sobre la paruresis:

“La paruresis no existe, es solo un invento para evadir las pruebas de drogas. Si hay problemas para orinar se debe a problemas físicos”.

Hay situaciones en las que es necesario producir una muestra de orina cuando se requiere de una prueba de drogas, para comprobar que una persona no usa drogas. Esto es algo que se da mucho en Estados Unidos, donde el gobierno y la empresa privada requiere frecuentemente de estas pruebas.

Hay personas que tienen problemas para proporcionar una muestra de orina bajo supervisión. La incapacidad de producir una prueba de drogas se interpreta frecuentemente como una negativa a someterse a la prueba de drogas y como una admisión tácita de que se consume drogas. La posibilidad de que una persona verdaderamente padezca de vejiga tímida no se toma en cuenta, y no se proveen de métodos alternativos de pruebas de drogas.

Pero la paruresis es un padecimiento real y no una excusa para evadir las pruebas de drogas. Es necesario que el gobierno y las empresas reconozcan la existencia de este padecimiento para no hacer sufrir innecesariamente a los que sufren de paruresis.

“El problema de los paruréticos es la exagerada modestia: ellos tienen temor de que otros vean sus partes íntimas”.

El problema del parurético no es el temor a que vean sus partes íntimas, sino el temor a que otros se den cuenta de que no pueden orinar en situaciones públicas.

Es algo que puede resultar difícil de comprender para quien ha sufrido de este padecimiento. El problema del parurético no es la exagerada modestia. Un caso extremo se da cuando la persona no puede orinar delante de la pareja, aun después de haber hecho el amor muchas veces.

“Los paruréticos son personas que tienen problemas de timidez”. (Este es un estereotipo divulgado por el cine y la televisión, en los raros casos en los que se hace alusión a la paruresis).

Una persona puede parecer muy segura de sí misma en el trato con los demás y aún así padecer de paruresis. El hecho de que a la paruresis se le conozca como “vejiga tímida” no implica que la persona sea tímida, aunque hay que reconocer que algunos paruréticos son tímidos, pero la paruresis no se cura venciendo la timidez en situaciones sociales.

“Los paruréticos son extremadamente escrupulosos en temas de higiene, y por eso tienen temor de orinar en baños públicos”.

El problema del parurético es que quiere orinar pero no puede, no es que evite orinar en situaciones públicas por ser demasiado escrupuloso. Y no puede orinar porque siente que está siendo observado y evaluado negativamente por su incapacidad de orinar. Esto se convierte en un círculo vicioso.

“La paruresis es un reflejo de tendencias homosexuales”.

Se comprueba la falsedad de este enunciado al comprobar la enorme cantidad de paruréticos que no son homosexuales.

“La paruresis es solo un síntoma que refleja problemas emocionales no resueltos”.

Por ejemplo, uno podría pensar que la paruresis es un resultado de la baja auto-estima, y que al recuperar la auto-estima la paruresis desaparecería. Pero no es así, es necesario tratar la paruresis en sí misma, por medio de la terapia cognitivo-conductual. La baja auto-estima bien puede ser un efecto de la paruresis, y no su causa.

“La paruresis se cura averiguando el evento traumático que la causó”.

No siempre se puede señalar un evento traumático como causa de la paruresis, y aunque éste exista, resulta inútil identificarlo, ya que la paruresis es algo que toma vida propia, independiente de las causas que la hayan originado, por lo que ninguna cantidad de terapia hablada es suficiente para un tratamiento efectivo: es necesario recurrir a la terapia cognitivo-conductual.

“La paruresis se puede curar por medio de la hipnosis o la programación neurolingüística”.

No hay soluciones mágicas ni rápidas para la paruresis. Nunca se han podido comprobar las afirmaciones de los que promueven este tipo de tratamientos. El único tratamiento que ha producido reportes consistentes de éxito es la terapia cognitivo-conductual.